Como dice Enrique Martínez Lozano, no somos las letras que escribimos, somos la pizarra en la que escribimos las letras que luego han de borrarse o no. Cuidemos lo importante, abracemos los regalos de la vida y volvamos a la pizarra, al corazón que somos.
AL
Todo
bien por Montreal amigo, los días parecen semanas, los minutos horas, y los
momentos se tornan eternidades resumidos en rostros, esquinas, camiones
gigantes, tiendas, licorerías, bulevares, rascacielos, plazas, restaurantes de
comida rápida, encantadores bistrots, luces de neón, tiendas vintage y
salas underground. Uno abandona la identidad de lo cotidiano para reconocerse
en otras miradas que nunca le pertenecerán del todo, pero que te hacen sentir
intensamente vivo y despierto. La gente aquí es más cercana, la ciudad más
habitable. Vamos andando a todos lados y hace frío por primera vez. Me he
comprado una maqueta de un autobús escolar canadiense y otra de Air
Canadian, por muy poco dinero. Comemos bien a buen precio en el Promenade, hoy
comida libanesa. Siento ahora Ontario lejos, desde aquí es como otro
planeta, pero ansío volver a esa maravillosa ciudad, a vuestra casa. Desde
el salón de la habitación, con cocina y terraza se observa todo el dowton
iluminado, y el barrio bohemio esta detrás, a dos minutos...Por fin hemos
estado en un Second Cup, en el 1235 de Phillips Square, observando a los
viandantes tras el cristal, como hace tiempo no disfrutaba, desde aquel café en
Casablanca...Viajar embriaga hermano, un fuerte abrazo. (Octubre 2011).
